Implantología dental: la tercera dentición

La pérdida de una o más piezas dentales por accidente o enfermedad implica un gran problema para quien lo sufre. Al impacto en la estética se suma otro factor de mayor importancia: la alteración del correcto equilibrio entre las fuerzas de masticación, que hace que la presión se centre más en unas piezas dentales que en otras, produciendo desgaste de las mismas, problemas en las articulaciones de la mandíbula y hasta molestias y dolores en la cabeza, cuello y hombros.

Frente a estos casos, la implantología se reveló como la gran solución para el paciente desdentado parcial o total. Los implantes consisten en la colocación de una raíz de titanio en el interior del hueso maxilar por medio de una pequeña intervención quirúrgica. Posteriormente sobre esta base se pueden colocar una o más piezas dentales artificiales.

Tratamiento con implantes de los pacientes desdentados

Los implantes oseointegrados de titanio son los más utilizados en la actualidad por su fácil adaptación a la estructura ósea bucal, proceso llamado oseointegración. La principal ventaja que presenta esta técnica por sobre las de prótesis, que también reemplaza piezas perdidas, es que esta nueva pieza es verdaderamente una tercera dentición, definitiva, cómoda y que no daña los tejidos que rodean a los dientes vecinos.

En la actualidad se puede reemplazar la dentadura completa, algunas piezas o sólo una de ellas.

Implantología de una pieza dental: en este caso se implanta en el hueso la raíz de titanio que reemplazará a la raíz perdida del diente. Luego de un período de espera en donde la raíz de titanio se integra naturalmente al hueso de los maxilares, tiempo que varía según la ubicación de la nueva raíz y que va desde los 4 a los 6 meses aproximadamente, se conecta el nuevo diente a la raíz. Durante el período de oseointegración de la pieza de titanio se utiliza un implante provisional.  

Implantología de varias piezas dentales: la pérdida de varias piezas dentales es muy común con el paso de los años. Principalmente por problemas a las encías, por caries o por fracturas los dientes se van perdiendo. La utilización de la implantología para sustituir a estas piezas faltantes es una excelente alternativa, pues no interfiere ni afecta a los dientes sanos (dientes remanentes) para reponer los ausentes. Al igual que en el caso anterior, se fijan las raíces de titanio en los lugares donde faltan los dientes, se espera un tiempo para que ocurra la oseointegración y luego se sujetan las piezas artificiales.
Implantología total de un maxilar: principalmente en la tercera edad la pérdida de todas las piezas de un maxilar es común. Ante esta situación la implantología ofrece una solución completa, funcional y estética. En este caso se implanta un grupo de piezas dentales ya fijadas en una encía artificial, la que es colocada al maxilar sobre las raíces ya implantadas.
 

Incompatibilidades

Entre quienes no pueden hacerse este tipo de trabajos dentales se encuentran:

Pacientes diabéticos descompensados, personas con problemas en su microcirculación.
Personas con disminución de la irrigación sanguínea en el hueso, generalmente que han sido sometidas a tratamientos de radiación por cáncer.
Pacientes fumadores, para realizar el implante deben de dejar de fumar por un tiempo considerable antes del tratamiento.
No es recomendado para niños.

Mitos y realidades

Mito: al estar las piezas posteriores perdidas fuera del alcance de la vista, no es necesario su reemplazo pues no afecta la estética.
Realidad: aunque los dientes de atrás pueden no verse al sonreír o hablar, es necesario reemplazarlos si han sido perdidos, ya que cumplen funciones muy importantes en la masticación, evitan migración de otros dientes y la mala mordida (maloclusión).

Mito: los implantes no son exitosos en la mayoría de casos.
Realidad: la colocación de implantes es un procedimiento que requiere una apropiada selección del caso, planeación, destreza en la ejecución y mantenimiento periódico. Si se tienen en cuenta los anteriores criterios, pueden tener un alto porcentaje de éxito (>90% a los 10 años del tratamiento).